La mente crítica. Desbrocemos nuestro borrador

Si el otro día nos centramos en subrayar o anotar de alguna manera todas las cosas que nos gustaban de nuestros borradores, hoy se trata de lo contrario. Es la hora del crítico. ¿Y quién es el crítico? Todos lo conocemos. ¿No os suena esa sombra que llevamos muchas veces sobre el hombro mientras escribimos y nos susurra que estamos perdiendo el tiempo y que lo que escribimos no vale la pena? ¿Esa vocecita que nos dice que haríamos mejor poniéndonos a trabajar en lugar de escribir? Ése inoportuno personaje va a ser nuestro ayudante en esta fase de corrección, así que vamos a llamarlo y a dejarle que le eche un vistazo detallado a cada una de las palabras de nuestro borrador.
Hay gente que, para cambiar hacia esta perspectiva, utiliza algunos trucos, lo que se llama una escenificación; es decir, cambiar algo en su espacio de trabajo habitual (sentarse en otra silla, poner un fondo de pantalla distinto, una música diferente), sus instrumentos (un bolígrafo de otro color, un programa distinto) o algo de sí mismos (unas gafas, unos guantes, una camiseta, una forma de peinarse...). Lo importante es tener muy claro de qué se trata: dejar que el crítico diga todo lo que tenga que decir, sin pararse en buenismos. ¿Listos? Pues vamos a decirle a ese crítico qué es lo que debe buscar, porque habrá muchas cosas que llamen su atención, pero no todas nos interesan en este momento.
En esta primera fase vamos a centrarnos en la macroestructura de la historia y en la evolución de los personajes, es decir, en cómo respira la historia, el esqueleto. Incluso si planificasteis el texto al milímetro, conviene revisarlo, así que, manos a la obra. Nuestros objetivos van a ser:

  • Comportamientos que no cuadren con la personalidad de nuestros personajes, por muy bien que nos vengan para desarrollar la trama.
  • Hechos irrelevantes para el desarrollo de la trama. Si la historia puede pasar sin ellos, están pidiendo tijeras.
  • Escenas que no sigan un orden lógico o estén desmotivadas, es decir, que salgan de la nada.
  • Casualidades demasiado casuales.
  • Personajes que no cumplan ningún papel claro dentro de la historia.
  • Detalles innecesarios sobre personajes secundarios (historias personales que no vengan a cuento).
  • Hilos secundarios que no llegan a desarrollarse y, por lo tanto, crean unas expectativas que no se cumplen.
  • Monólogos interiores largos y flashbacks. (No están mal, pero veremos cómo mejorarlos más adelante).
  • Diálogos insustanciales.
  • En el caso de novelas de ciencia-ficción y fantasía, magia o tecnología sin un funcionamiento claro.
Tened en cuenta que lo que queremos, en este momento, es dejar cancha libre al crítico, no al corrector ni al escritor, así que vamos a limitarnos a señalar todas estas cosas; más tarde veremos qué hacer con ellas. Tomaos vuestro tiempo en esta fase y, sobre todo, no coartéis al crítico. Dejad que hable y que señale, que tache. La semana que viene veremos qué hacer con todos estos objetivos que hemos marcado para mejorar nuestra novela.

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