Cómo encargar una corrección

Elegir una plataforma de autopublicación no significa, necesariamente, tener que renunciar a los servicios que una editorial nos ofrecería, como la corrección. Vamos a explicar un poco en qué consiste, qué tipos hay, las ventajas que tiene y cómo podemos contratar un corrector.

¿Qué es la corrección?

La RAE define corrección (en su quinta acepción) como: «Alteración o cambio que se hace en las obras escritas o de otro género, para quitarles defectos o errores, o para darles mayor perfección».
Esta descripción es un poco vaga y no se ajusta a todos los tipos de corrección que hay, así que vamos a ahondar un poco.

¿Qué tipos de corrección hay?

Para textos que se publican en su lengua original, fundamentalmente hablamos de dos: la corrección ortotipográfica y la corrección de estilo.
-Corrección ortotipográfica: consiste en la eliminación de todos los errores del texto y la unificación de la ortografía y la gramática. Es decir, un corrector ortotipográfico vigilará que no haya dedazos o typos, que la ortografía sea correcta, que no se rompan las reglas gramaticales y que no haya varias grafías para la misma palabra (por ejemplo, si encuentra 'periodo' y 'período', ambas correctas, las unificará para que todas tengan la misma grafía; lo mismo pasaría, por ejemplo, con los leísmos correctos).
-Corrección de estilo: al contrario de lo que pudiera parecer, este tipo de corrección no sirve para cambiar el estilo de un texto, sino que se ocupa de detectar y corregir elementos que, aun no siendo propiamente incorrectos, suponen una falta de perfección. Estaríamos hablando de repeticiones de palabras, rimas internas, mala estructuración del texto... Es un tipo de corrección más profunda que la ortotipográfica.

Debido a la naturaleza del texto literario, que se supone que está muy cuidado en cuestiones de estilo y que no tiene por qué atenerse tanto a las convenciones como un documento legal, por ejemplo, quizá el tipo de corrección más adecuado para una novela o una obra de teatro sea la ortotipográfica. Además, en caso de que la maquetación del texto esté hecha en PDF y contenga elementos gráficos, el corrector de pruebas también nos avisará de otros tipos de fallos, como si las imágenes no están bien colocadas, si la tipografía es uniforme, etc.

¿Qué ventajas tiene contratar un corrector?

Los correctores son profesionales especializados en detectar errores de los que, al escribir, muchas veces no nos damos cuenta: el orden de las letras de una palabra, un mal uso gramatical, un vicio lingüístico que no es correcto... Además, que nos corrijan un texto puede ser una oportunidad de aprender: normalmente el corrector nos enviará, junto con nuestro original corregido, un informe en el que podremos ver los fallos más comunes que tenía nuestro texto y cómo se han solucionado. Para los siguientes proyectos, podemos intentar utilizar esos puntos para ir mejorando por nosotros mismos nuestro uso del lenguaje.
La lengua es parte fundamental de nuestra labor, así que nunca está de más mirar por ella.

¿Cómo se contrata a un corrector?

Sólo con buscar en Google encontraréis decenas de agencias de corrección y servicios editoriales diversos; en LinkedIn y Facebook tenéis también a un montón de profesionales autónomos dispuestos a trabajar. ¿Cómo encontrar al correcto? Si nos decidimos por una agencia, debemos asegurarnos de que la empresa acepta textos, en este caso, literarios: hay algunas que sólo se dedican a tipos muy concretos.
Si preferimos a un corrector autónomo, podemos consultar sus perfiles en internet (redes sociales, asociaciones, etc.) y ver si tiene una formación adecuada para el trabajo (Grados/Licenciaturas en Filología Hispánica, Lenguas Modernas, etc.; cursos de edición, corrección, etc.).
Una vez que hayamos elegido al corrector o a la empresa, debemos ponernos en contacto con ellos y pedir un presupuesto. A la hora de pedirlo, debemos preguntar qué datos necesitan. Lo más normal es que tengamos que especificar:
-el tipo de texto,
-el formato en el que vamos a enviarlo y;
-qué extensión tiene (en palabras o matrices, normalmente).
Otra posibilidad es que directamente nos pidan que enviemos el archivo para poder valorarlo.
También podemos pedir que nos estimen un plazo o especificar las normas que queremos que se apliquen en la corrección (si queremos que se conserven o no los leísmos correctos, si queremos que no se siga alguna normativa de la RAE, como la eliminación de las tildes de los demostrativos...).
La forma de tarifar puede variar de un corrector a otro: hay los que miden por palabras o por matrices (caracteres con espacios) y los que cobran haciendo un cálculo aproximado de las horas de trabajo en función de los parámetros anteriores.

Los correctores son profesionales

La corrección es una profesión, no un pasatiempo. Por lo tanto, es una falta grave de respeto insinuar siquiera que cualquier persona puede hacer su trabajo o que no debería cobrar por «echar un ojo» o por «algo que puede hacer el corrector de Word»: los correctores son profesionales que se han formado para llevar a cabo este trabajo (bastante más complejo de lo que hace Word) y que viven de ello.
Además, antes de echarnos las manos a la cabeza por el precio que nos han estimado en un presupuesto, podemos consultar las tarifas de varias empresas o las que recomiendan diferentes asociaciones de correctores: sólo así podremos valorar correctamente el presupuesto que nos han dado. Si el presupuesto que nos proponen nos parece alto, podemos rechazarlo o intentar negociarlo, pero siempre con educación: si el corrector no quiere negociar, no se debe insistir ni tampoco proponer rebajas del tipo «Bueno, pero si le echas sólo un vistazo rápido, ¿me cobras menos?». A un médico no le diríamos nunca que nos operara rapidito para ver si nos cobra menos, así que a un corrector tampoco deberíamos proponérselo. Tratémoslos como lo que son: profesionales de la lengua.

Publicado por Gileblit

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